Microcosmos


La casa de mi infancia tenía la virtud de generarle algo raro a la gente, en particular a lxs niñxs. Ningunx sentía gusto de ser invitadx. Sabían que no podían correr ni jugar a gusto porque ahí, en la casita de atrás, estaba mi abuela con sus golpes de escobillón contra el suelo pidiendo silencio a gritos.

En realidad, nadie lo decía, pero yo les veía las caras de pánico cada vez que se movía la cortina de la habitación del fondo. Y, a decir verdad, yo también sentía que algo no estaba del todo bien.
Claro que no se trataba de la casa ni de la abuela, era la persona que oían y no podían ver. La persona que tosía convulsivamente, la que atraía hacia ella las ambulancias, la que maldecía, la que acallaba a todxs a su alrededor sin decir una palabra como un hoyo negro en mitad del universo.

Crecí cruzando rápido y evitando el por qué, el cómo, el cuándo. Su olor a remedios, su nebulizador, su asma, su silla de ruedas, sus inyecciones, sus médicxs, sus enfermeras en una agonía incesante, todo era familiar, hasta la habitación que permanecía en tinieblas, cuya única luz era la irradiada por el televisor blanco y negro. Aún así, todo era parte de una pregunta inconclusa.

A nadie culpaba por no quererla, ni me irritaba el temor que leía en los ojos desorbitados y expectantes. No era su obligación tratarla. En cambio, c
omo era mi tía, yo sí tenía algún "deber moral". Nadie me lo había dicho nunca, pero intuía la proximidad del regaño si no era capaz de tener un vínculo "normal" con ella. Ya me parecía oír a mi mamá entablando una conversación con Dios para pedirle por la salvación de mi alma. Así que, para evitar todo eso, cuando me llamaba para hacerle compañía, me acercaba sin enseñar ni un sólo signo.

En definitiva, sabía que mi presencia iba a ser monitoreada por la abuela y que iba a ser echada con sutileza y amabilidad. “Si Norita tiene sobresaltos o tensiones, por la noche vamos a tener que socorrerla…”. Entonces, para evitarnos las molestias, era mejor que la tía cumpliese su rutina de siesta y medicina.

Pero, una tarde que mi abuela demoró en el mercado, mi tía me invitó a abrir sus cajas, tal vez porque sabía que para retenerme debía ofrecerle un tributo a mi curiosidad o porque necesitaba una extensión viva de su voluntad. Si bien el encuentro duró poco tiempo, me pareció muy intenso. En verda
d, quería irme pronto de ahí. Agradecí profundamente cuando mi abuela regresó y me dijo que ya no molestara más a la tía. No sé si decir que sentí alivio, pero esa habitación tan poco aireada impedía respirar a cualquiera y, en algún sentido, expulsaba. Sin embargo, aquella vez, la cortesía me obligó a permanecer y a cumplir cada uno de los estadios de la visita.

Recuerdo la humedad del suelo en mis piernas. Me senté ahí mientras acudían a su boca miles de palabras que yo ya había escuchado en otras bocas. Era todo eso de las creaciones de Dios, desde Adán y Eva hasta el Apocalipsis. “¿Qué es esto, tía?”, interrumpí el monopolio de su palabra. Entonces, ella sonrió deformemente y me contó la historia. Sus ojos cobraron vida mientras recordaba y me pidió que sacara del ropero otras cajas con pertenencias suyas.

- Mirá, tía. Esta flor estaba atrapada en tu libro.
- A ver... ah, sí. En mi libro de Bécquer. Te la regalo

Así, en cada caja encontramos su vida mal apilada para aparentar “cierto" orden. Cada una tenía un tiempo silenciado y, a cada instante, recuperábamos fragmentos que la herían más que la sombra y la serenidad forzada. Sin embargo, le entregaban el alivio de haber guardado todo perfectamente disperso.
Yo, con mis manitos curiosas, sacaba para ella cartas y poemas de las cajas, sacaba pequeños objetos perezoso
s que se mezclaban como novedades de la nostalgia. En definitiva, parecía que ella buscaba algo a través de mi, algo que permanecía oculto…

La hacía llorar con lo que encontraba, pero más la desesperaba aquello que recordaba ausente. La búsqueda cambiaba según el ritmo de las cosas y las historias que cabían en el fondo de cada una de las cajas: cajas de electrodomésticos, de zapatos, de alimentos y cosas que no son cajas pero que cumplían la misma función, como si el mundo de los objetos tuviese por destino ocultar a primera vista…

Su vida de cartones pintados, sellados, llenos de agujeros como portales de abismos estáticos, emergía. Sacaba ideas, sacaba palabras, sacaba linternas en desuso, sacaba esferas de silencios, sacaba soles y desiertos y mariposas y flores disecadas. Y yo me horrorizaba porque salían personas de las cajas, personas que ya no existían, a las que habían abandonado ahí. 

Esa tarde, mientras la ayudaba a desenterrar evidencias de las vértebras del cuerpo que la acompañó inmóvil por cuarenta años, ella me dijo: “Esto es la mortaja y el olvido”… Yo no e
ntendí lo que significaba aquello ni me inquieté porque siempre lxs mayores parecían estar hablándome en una clave secreta. Era su manera de comunicar misterios que volverían cuando fuese su tiempo. Yo  lxs escuchaba atenta sin dirigirles mirada alguna. Retenía el sonido como una canción, pero no me ocupaba en descifrarlo. Lo tenía sujeto en el interior de mis orejas y eso bastaba. Ella sabía que había oído y esperaba la interrupción de la abuela Alicia para dar por terminada la visita.

Con el tiempo c
omprendí que no era ella, sino su atmósfera con ese hálito herméticamente lacrado lo que me infundía una cuota de rechazo. Era el hecho de que todxs estuviesen de acuerdo con su aprisionamiento. El tiempo y el sonido se detenían en la oscuridad como si su habitación fuese otra de sus cajas y ella una muñeca que mi abuela bañaba y alimentaba. Entre todxs la habían encerrado entre esas  paredes al resguardo de la luz para preservarla. Era frágil, vulnerable a las miradas. Nadie debía importunarla y ella no molestaría a nadie tampoco. Ese era el pacto.


(Retrospecciones como ejercicio narrativo - 2008) 

Palabras/borrador/1998

Sólo puedo hablar a distancia
Al decidir llevar adelante este acto
hice un alto para pensar..
Decidir o decir que "que no se repita" parece poco... 
No quiero ser irrespetuosa...
Distanciada del dolor que representa para otrxs...
El decidir llevar adelante este acto implica,
por sobre todas las cosas, reconocer
y comprometerse, llegado el caso...
(No quiero ser irrespetuosa...)
Distanciada del dolor que otrxs... No.
Llevar adelante este acto implica reconocer el espanto
pero, además implica, tener presente...
Llevar adelante este acto...
Llevar adelante este acto implica reconocer el espanto
tener presente en la memoria ciertos aspectos 
para que no se repitan
palabras vacías...

35

voy a refugiarme a un lugar que no mida mis pasos,

aunque no encuentre nada diferente del miedo

dentro de ese estanque disecado

con sus peces de cristal de Corea... /


CARTAS ABIERTAS

Cartas que se abren como abanicos para retrucar la lógica de todos las injusticias que nos tienen por objetos inanimados, siempre dispuestos a la misma reacción: subordinarse.

25


comprar una cajita de colores repetidos

para seguir con el retrato de tu almohada/

hacer un depósito de truenos para el porvenir/

ir a festejarle su malicia al vecino que baldea las mañanas,

poniéndole cara de verdugo a mis alpargatas rojas/

salir de mi casillero para rescatar a un guardavidas de ciencia-ficción/

salir disparada hacia una nube tóxica y evitar el ocio de los ecologistas/

romper el muro de Berlín y el de los lamentos/

(negociar con la embajada China)

retroceder el tiempo cuatro segundos sobre dos/

ocultar la cuarta dimensión de las palabras y sus paréntesis existenciales/

cumplir con todo/

y que pase desapercibido...

CUOTA PENDIENTE


si al menos tu trampa acaramelada de esperas

fuera un silencio de helicóptero verticalista,

pastando en mi trapecio... ///

pero, como nunca, los nervios crispados y erectos,

despidiéndose de mí/

virtualmente eclipsados por el suelo,

astillan la sombra de los árboles...

6


salir y esconderte en mis ropas

engañarme los labios/

furiosa, tu tempestad que se acopla al silencio

y rompe a cuentagotas.

¿dónde no hay nada oculto,

sólo un hombre asfixiado en el puño,

levantando el sol y el mar y la lluvia y la arena,

capaz de enceguecer mi suspiro

hecho de humedades?

otra vez desciendo esa escalera que regulariza mis pies

que ubico justo por debajo

del miedo a las alturas.

Rama del que fue pez


si reía, que era un árboL/

: Un hombre gastando sus huesos contra las paredes,

dispuesto al Juego de acrecentar mis dudas/

si Amaba, que era impropio de las aves y las

Nubes, que era todo al mismo tiempo que la sombra.




Ghaibemm&Ghaibemm (en Mal moridos. Recetas para cadáveres...)

y luego amanece como por costumbre

y todo aterroriza sus floreros simétricos

¿quién rompe un grito a puñaladas?

una palabra amenaza con aparecerse

sobre los silencios.

sólo algunas certezas recordarán la noche

efectivamente, el cuco se esconde tras las madres.

me destierro/

garantizo cada una de estas veces que contradigo por el hecho de negarlas de tal modo/

me escucho/

todo esto lo dije antes de volver a verte en tu ropita huérfana de planchas/

antes de soportar el color de tus ojos con su lágrima que nunca deja de caer/

y antes todavía de esa sonrisa incómoda, ocasionalmente constante.../

te destierro/

me realizo en cada una de las partes desarticuladas de tu nombre /

me despeino y dejo de colgarme de su hamaca/

dejo de perderme en el túnel de la luz/

así descubro la espalda de los cielos

con su única palabra...

algo como las horas se refriega en tu oído y no te permite ladrarme palabras/

nazco traicionada por tus dudas de vidriera barata, de mostrador...

me recuesto donde los días se descomponen...

y siento tu presencia tan bien definida y lejana

que recupero todo tu cuerpo descompaginado como una imagen de sal sobre mi herida/

me desdigo y marchito todos los rostros de un vacío imposible...

te estrecho como siempre entre mis descuidos más humanos,

para abrigarme en tu desierto fonético y no verme en él...

segrego una esperanza y sus respectivos fracasos,

los extiendo en el balcón, mientras le saco las espinas/

a tu crucigrama ...

14


entre mi techo y yo, golpeaba aboliendo simpatías

harto como estaba de volar

parpadeó pesadamente y dijo algún misterio

así quiso marcharse, perseguido por mi curiosidad,

tan inconcluso como siempre.

GEOGRAFÍA PARA POBRES



qué humor/

es mi fastidio endilgando la luna/

ahora van a calumniarme/

en cada aspecto traman algo sagrado

que nunca ocurre para quien identifica

el ritmo de la sangre

y traduce del idioma original:

"una transfusión al Cristo".

RECORD DANCE


No importa, cuchillito que no corta,

te escucho dolerme sin dolor, para romperme y llorar,

que el espacio que me habita descansa en sueños

desteñidos sobre esa piel fuera de mí

Y al verte ¿Por qué atenuar al muerto que embriaga el paredón?

si escucharte es la distancia, plegada como un suspiro

que me confunde en tus ideas a punto revés...

Ghaib_emm

FILARIA (13/09/01)

Vamos a decir no-palabras.

Abrimiento de cabeza que patea los pulmones

nicotinizados de siluetas atadas por los pies.

Muere mi condena cada vez que redondeo.

Ya harto del nido que no cae y me hace sobrevivir río

para ver que naciones fuertes se abrazan y

lamen la discordia de tus peces fritos para mi úlcera.

Cansado tiento a reírme y surto la cama

en mitad de mi medianoche, a las 3 menos cuarto,

solo pa' compadecerme del vuelo de las aves.

Y, sin remedio, escucho tu farmacia abierta 24 hrs de

invierno.

En ausencia de celebraciones

planeo bajo,

musicando al mundo

con remolinos y suspennnnsos

de gusano.

Ailán & Ghaib.Inc.

23.


al que lo contenga

en su esqueleto...



para por sus etcéteras

caer tras el umbral y vuela ya que rueda y lame y juega y romper....

rebota al pie y danza la sombra dormida de costilla fugaz...

que convulsiona haciendo valer una vez mucho de fuego/

y más... doradito por el sol...

salpicada de mañanas que cae en boca de trueno...

despreocupa la verdad,

hacer del difunto fugitivo lanza de vacaciones/

a mediados de abril /

que estupefacta dibuja...

en su función de naipes estrictamente revueltos

o sobre superficies de escarcha.. ///

para qué?

CHE, PLAZA

- ¿Quién muere primero? No sé si quiero ser Borges.

Es más, ni lo intentaría. No quiero ser un sueño que se eclipsa a sí mismo.

- (El cristal no refleja mis manos/ se preocupa por mi pelo.)

El frío es un bandoneón que acompaña con su collar delgadito de gente manoseándose en la plaza para entrar en color...

(Vieja excusa) Tocame los tobillos. [Sueña]

"¡Mirá qué sonrisa!" Me oferta y hoy estoy tan caro que...

No se me ocurre nada, qué lástima ¿no?

- (No. Sólo lastima.) Ahí está mal. (Índice)

- Gracias. Eh...no tengo plata. (Terminame de corregir.)

(La oferta me gastó y…) El hombre del hacha me parte en vos.

- Qué bueno que no me parte a mí!

- Che, hombre, acá está tu plaza, toda mía, aunque no convencionalmente.

Tu escrito dice: cerveza, borrachos, poetas, personitas alzadas a la décima potencia.

- Y (la_mía) tu cruz que hinca al cielo, lo hace estallar para que nos llueva algo de la vida /que podría ser ésto...

- Está confirmado: la plaza incendia, y se levantan nuestras cuatro manos para juntar las hojas y no al viento, ese se te escurre, corrompido por el verde

que nos hace ma' o meno' pornográficos, inocentes

y no incendiados como ella quiere...

02/06/01: Alaín&Achernar

Pseudorevoluciones: ¿un “hobby” adolescente?


¿Acaso la adolescencia no es un

producto más del capitalismo, una

subdivisión del mercado? ¿No es la

fase evolutiva en la que se intenta

coartar legal, intelectual y

políticamente al individuo?


La sociedad venera la imagen juvenil como ideal estético, al tiempo que menosprecia las supuestas incapacidades de los adolescentes. Desde distintos ámbitos, se ha establecido el preconcepto (siempre científico) de que en el transcurso de esta etapa es inevitable la aparición de destellos de rebeldía que, poco a poco, desaparecen a medida se alcanza cierto grado de entendimiento, responsabilidad, madurez y decrepitud.

Tal lectura colectiva [¿teledirigida?] supone que la onda combativa responde a una de las tantas modalidades profesadas, mayoritariamente, por adolescentes. Pero que, a fin de cuentas, está destinada a desaparecer; como todo estadio pasajero, puesto que la meta última del Ser consiste en “aburguesarse”[1]. Es decir, en recuperar la cordura al mejor estilo quijotesco.

Entonces, por un lado, el hecho de asociar las actitudes rebeldes a la adolescencia y que ésta, a su vez, esté asociada a la desinteligencia y a la ligereza de pensamiento, otorgaría a cualquier actividad ligada a ella un rasgo “negativo” o de “inferioridad”. Por otro lado, (como se dijo al principio) la misma adolescencia, en relación con la rebeldía, podría poseer algún matiz idílico.

De esta forma, el sistema, acostumbrado a devorar toda protesta, hace lo propio con los rebeldes, quienes en su afán de diferenciación parecen caer en la trampa, llegando incluso al autoboicot: cuando su causa se ve empañada por un mercantilismo en el que muchos incautos se pierden, convirtiéndose en compradores compulsivos de referentes políticos estampados en remeras y demás adminículos de identificación o, peor aun, consumidores de lecturas disléxicas de discursos políticos. [2]

Ahora bien, sin tratar de hacer de este artículo un tratado de Sociología (o ante la imposibilidad de hacerlo), creyendo en la existencia de una necesidad hasta fisiológica de entablar este diálogo, se intentará desplegar la inquietud. Vale aclarar [para que oscurezca] que si se considera que “el mundo de las ideas esto y aquello” y que, por lo tanto, la falta de lógica es indiscutible, todo lo que pudiera alegase en las páginas siguientes resultaría vano, puesto que de no existir tautología posible entre realización humana e ideal, lo que, en cambio, sí existiría, y en demasía, sería sólo pura falacia Pero, al menos, debería quedarnos un margen para dudar con libertad, para murmurar que eppurse muove.

Podríamos comenzar recordando que el término medio que aseguraría la felicidad (según Aristóteles) estaría entre el exceso y el defecto, en ese lugar hipotético que cariñosamente denominamos virtud, justo junto al hipotálamo, supongo. De él podríamos decir que entendido como el dominio de las pasiones, siempre resultó invaluable, en tanto no se lo fundió [por etimología asociativa, a la que regularmente adherimos[3]] con la calidad de “mediocre”.

Ahí está la primera punta del ovillo. Se dice que la mediocridad suele ir superpuesta al hombre actual. Y si no deliramos con que todo tiempo pasado ya fue, deberíamos abarcar varios miles de años, pero desde una postura menos pesimista nos referiremos a la posmodernidad, debido a que es, según su receta, la “Era en la que el hombre puede ser más o menos todo”, sin que importe la existencia de espacios donde si uno se propusiera emplear ese método, el resultado que de por sí es relativo, quedaría, no librado al azar, sino, condenado al fracaso[4].

Pese a cualquier puesta en evidencia de su fatalidad, la formulilla se propaga como filosofía de vida en oposición al extremismo (?), y ésa es la tendencia que subyace en muchos grupejos autoproclamados rebeldes, que con exaltación desmedida vociferan en favor de una revolución social para la que no cuentan con condiciones mentales suficientes.

Este es el verdadero quid de la cuestión: al aludir a “insuficiencias mentales severas” es pertinente observar que ellas no implican inconvenientes de tipo cognoscitivo; sino que se intenta poner de relieve que la estructuración mental sobre la que se instala “su” idea revolucionaria resulta, en cierto sentido, contraproducente; puesto que estos sujetos, que -tal vez- han logrado erradicar de su léxico todo término peyorativo procedente del “campo dominante”, continúan arraigados inconscientemente a esa cultura.[5]

En otras palabras, todavía no han concretado el hombre nuevo que dicen es requisito fundamental para el cambio. Lo han confundido con el hombre huevo, que es otra cosa. Pero no han podido, y es una lástima, revolucionar si quiera sus propias mentes[6], y así han permitido que la hipocresía hiciese nido en la revolución[7].

Esto parece ser patente -o patético- cuando se torna indispensable deslindar el significado que la palabra revolucionario connota, ya que se advierte que este significante ha sido resemantizado de forma poco común: en el plano social, ha sido transferido/desplazado de una acepción a otra. Entendiendo que, en cuanto actor del cambio, al vincularse con actitudes mediocres, el rebelde quedaría ligado al “asesinato ideológico” propio de la posmodernidad [ = cultura de la imagen + idolatrización + consumismo + etc.]; mientras que en la revolución como giro, se lograría la adecuación terminológica a la realidad construida a partir del accionar neorevolucionario o pseudorevolucionario; puesto que 360º de trayectoria implican retorno al estado inicial, si bien, la sensación de movimiento funcionaría como regulador de la desesperanza.

¿Cómo oponerse a este trastrocamiento en una palabra tan cara a nosotros[8], si los aspectos emotivos que merodean las palabras pueden redundar en desarrollos peyorativos del sentido connotado del término en cuestión?

En este caso, los prejuicios sociales[9] han deformado el significado, pues este último es el resultado de toda la experiencia que se ha tenido (lingüística o de otra clase). La dimensión connotativa es evaluativa, está relacionada con la realidad social, es configurada por la cultura y los sistemas sociales en que nos desenvolvemos.[10]

Ahora, yendo a la configuración del aspecto idílico de la rebeldía, resulta interesante recurrir primero a la lectura de “La utopía” de Galeano donde, el autor habla de cuál sería la utilidad de su visualización, haciendo la salvedad de que pareciera que el “horizonte” para los neorevolucionarios serviría sólo para eso, para ser admirado.

Esto abre un nuevo capítulo: la revolución como ideal estético y contemplativo, alejado de todo propósito político. Por lo que los revolucionarios, más conocidos como rebolú, toman al pie de la letra capital eso del arte político, para mutar en sujetos inertes: sensibles pero inoperantes, abrazando un concepto de arte que implica una clandestinidad vacía, que no entra en conflicto con la oficialidad.

Para ejemplificar la visión que el “capitalismo” tiene del arte y los rebeldes podemos citar la revista Ñ nº 69 (p.26) donde figura el artículo “La novela del subcomandante” de James C. Mc. Kinley, traducida del New York Time. Esta nota podría leerse como una reseña bibliográfica más o ser tomada como lo que es: un insulto, una provocación.

Al mencionado reportero, no le basta con atacar la figura de Marcos sino que, además, arremete contra el arte y más específicamente contra la literatura: “¿Qué puede hacer para llamar la atención un dirigente rebelde al que le sobra un poco de tiempo? (...) Marcos (...) parece haber decidido que la respuesta es escribir una novela policial”. De este modo, presente la actividad artística como pasatiempo y la ubica en el espacio de ocio, del lado de la “improductividad”.

En cuanto al dirigente rebelde, lo acusa desde su torpeza: “A juzgar por el primer capítulo, Marcos quiere usar la ficción no sólo para recaudar fondos para caridad, tal como acordaron los dos autores, sino también con fines políticos[11].

Más adelante dice Mc. Kinley de Marcos: “encabezó un levantamiento por los derechos de los indígenas”, justamente él “que no es indígena”; olvidándose de que la solidaridad ante la injusticia no tiene etnia ni patria.

Este periodista o crítico de arte da un paso más, asegura que Marcos es “el dirigente rebelde que consiguió que usar una máscara negra resultara sexy”; pero, conociendo de dónde proviene la opinión, no podemos afirmar que la adjudicación de tal frivolidad sea insulto o halago.

En fin, aunque suene utópico, es necesario sentenciar que con palabras bonitas se proyectan las fantasías del hombre, pero son las acciones colectivas las que dan vitalidad a los sueños


[1] Poraburguesarse”, léase: abandono de ideales o, básicamente, traición.

[2] Lecturas de malas lecturas del discurso de alguien ¿se entiende? A partir de las cuales sus palabras (comparables a las de Marx, pero a la décima impotencia) sugieren una suerte de PLAY- REW permanente.

[3] Regularmente adherimos pues es una “reacción” ante la arbitrariedad del signo.

La defensiva viene a razón de que los juegos de palabras son siempre generadores de “confusión aprovechable”, como es el caso de la propuesta a viva voz de una educación igualadora en lugar de una igualitaria

[4] He aquí el dilema de la especialización: ¿Cómo especializarse en algo sin delegar en otros los demás aspectos de la vida: política, etc.?

[5] De todos modos, es un buen indicio que reparen en la contradicción. Sin embargo, con el tiempo, ese “fingimiento” termina descascarándose.

[6] Parece prudente dejar constancia de que la revolución mental involucra un proceso, que requiere tiempo y que siempre que comenzó a brotar fue arrancada como la hierva que irrumpe en los cultivos, pero que siempre vuelve.

[7] ¿Quién dijo: “Un águila”? Por ej.: ellos (y hasta ellas) la mayoría de las veces piensan desde una perspectiva machista. ¿Es posible una sociedad igualitaria (sexualmente hablando, al menos) sobre las bases de una mentalidad patriarcal?

[8] ¿Habrá otra que supla su ausencia?

[9] Prejuicios prefabricados hábilmente, claro.

[10] El discurso capitalista ha configurado a la rebeldía de tal manera que logró neutralizarla y hasta ridiculizarla.

[11] El subrayado se limita a enfatizar la ridiculez del comentario… o, en otras palabras, “es nuestro”. Elemental, mi querido James: cualquier hombre consciente de su propósito va a desarrollar la actividad de escritura con objetivos claros y no por simple vanidad literaria.